La amistad banal y las relaciones de supervivencia
Si tuvieras que mantener contacto con alguien a quien ves a diario en el trabajo o la universidad, prescindiendo de este vínculo ¿lo harías? Y la otra persona ¿lo haría también?
Alejandro García Peláez Cuando somos pequeños y asistimos a clase, pasamos muchas horas al día en una habitación con un par de decenas de personas. Todos tenemos la misma edad, vamos a ese espacio a diario donde compartimos profesores, experiencias y preocupaciones … los primeros días pueden ser de reconocimiento; echas un vistazo a tu alrededor, te vas haciendo familiar con la sala, con las personas que hay; te sientan al lado de alguien que puede que no conozcas y se van perfilando y haciendo ver las distintas personalidades del grupo: está el que llama la atención, el inteligente, el que es más reservado o al que siempre se le olvidan las cosas. Poco a poco el grupo inicial disperso tiende al orden y se van formando distintas “islas” (subgrupos) siguiendo diversos criterios, desde gustos afines hasta la más pura de las simbiosis.
Este patrón de comportamiento que se muestra en una de nuestras etapas más tempranas, se va replicando conforme vamos creciendo y adquiriendo más conciencia, ya sea en el instituto, universidad o el trabajo.
Personas hay muchas. Imposible conocerlas a todas. La situación antes descrita segmenta y crea un vínculo directo con el resto de compañeros. La cuestión es … ¿habrías establecido la relación si tuvieras que segmentar y crear ese vínculo tú mismo?
Relaciones de supervivencia
El entorno nos obliga a agruparnos. En parte para evitar la soledad o poder apoyarnos en otras personas cuando lo necesitamos (por ejemplo); al final esta necesidad es algo biológico que viene de la evolución del ser humano tribal. Y nos guste o no, somos seres sociales.
No obstante, esto en general nos acomoda y nos hace flaco favor; el hecho de que “rompan el hielo” y se cree un entorno “controlado” que nos facilite el proceso, nos restringe el descubrimiento de otras personas que son más afines a nosotros o bien que nos pueden aportar más.
No solo esto, sino que muchas de estas relaciones perduran en el tiempo y a veces uno es incapaz de ponerle fin. Pensamos de forma errónea que seguimos necesitando esa relación para nuestro bienestar.
Nos guiamos por la “ley del mínimo esfuerzo”, la comodidad impuesta en nuestro círculo y el miedo a descubrir lo que hay fuera de él, a ser rechazado o llegar a pensar que no eres nadie sin esas personas.
Alienación digital
En las últimas décadas nuestra forma de relacionarnos ha ido cambiando, al introducir los dispositivos electrónicos en nuestras vidas diarias; ahora podemos fácilmente interactuar con cualquier persona a la que veamos en redes simplemente enviándole un mensaje de texto. Esto es increíble. Abre un amplio abanico de posibilidades y difusión de conocimiento humano. Sin embargo, nos hace enfrentarnos a vulnerabilidades humanas desconocidas hasta ahora.
Tumbados en la cama, en nuestra zona de confort, desde nuestro hogar, podemos interactuar socialmente, obviando por supuestos ciertos aspectos que debemos afrontar en un intercambio físico … el hecho de acercarnos hacia la otra persona y al grupo, evaluar su expresión a lo largo del diálogo o simplemente sobrellevar un momento incómodo. Las propias discusiones, los enfrentamientos, roturas sentimentales o muestras de afecto, cariño o respeto se manifiestan ahora en una serie de oraciones, escritas en un mensaje de texto.
Lo que nos conecta a millones del personas en el mundo, nos puede desconectar del mundo, de nuestro entorno, nos obliga a perseguir a un fantasma de una realidad que no es más que una mera ilusión del paradigma digital y su bombardeo de estímulos continuo.
Amistad banal
Entonces ¿qué es realmente la amistad? Puedes conocer a mucha gente y sentir que algo no va bien. Sentir que “estás pero no estás”; que a pesar de que pasa el tiempo, no acabas de integrarte, no te sientes cómodo o te sientes invisible, simplemente.
De una forma u otra, para lo bueno y lo malo, las personas que forman parte de tu vida influyen en ti. Pero ¿hasta que punto te condicionan?¿Cuánto moldean lo que eres?
La idea de salir de nuestra zona segura no implica solo relacionarnos con personas que sean “idénticas” a nosotros; significa explorar más allá de estas relaciones contextuales, entender a los demás y cuestionar tus propios prejuicios fabricados a lo largo de los años … es darte la oportunidad de ver otros puntos de vista y nutrirte de ese conocimiento.
Entonces, te pregunto … si tuvieras que mantener contacto con alguien a quien ves a diario en el trabajo o la universidad, prescindiendo de este vínculo ¿lo harías? Y la otra persona ¿lo haría también?